Drogas y el afán prohibidor

Un ensayo sobre las drogas, las prohibiciones y los delirios colectivos

Una idea de Jordi Cebrián

Primer dogma prohibicionista: ‘Todas las drogas son iguales’

‘La Droga’ no existe. Hablar de ella en singular y con mayúsculas es una falsedad peligrosa. Cuando oímos, pues, frases del tipo ‘apartar a los jóvenes de la Droga’ o ‘la Droga mata a nuestros jóvenes’, estamos dando por sentado la existencia de algo que no es sino una abstracción, un concepto, un mito. Bajo esa simplificación existe un conjunto de sustancias que, usadas de una u otra manera, ya sea por vía oral, anal, endovenosa o inhalada, y en determinada dosificación, pueden alterar nuestra conciencia, nuestro ánimo y nuestras percepciones. Estas sustancias, distintas entre sí por sus efectos, sus orígenes, su composición y su peligrosidad, tienen como denominador común el hecho de que el Estado ha decretado su ‘ilegalidad’ o bien ha restringido su uso al terapéutico, mediante prescripción facultativa. La ‘ilegalidad’ es, de hecho, lo que define en la práctica su horrible estatus y lo que dota a la palabra de su connotación obscena. Vemos así que, cuando el café estaba prohibido en Rusia, con horribles penas para quien traficara con él, su maldad era evidente. ¿Sería concebible que algún reputado científico actual se refiriera a la cocaína, ahora que es ‘ilegal’, como un “estimulante mucho más vigoroso y mucho menos dañino que el alcohol”? Estas palabras las escribió Sigmund Freud a finales del siglo pasado .

Pero, volvamos a la afirmación que encabeza este apartado. No solo no todas las drogas son iguales, sino que en particular, las cuatro drogas citadas en el ejemplo son el arquetipo de lo diferente. Por su origen: la heroína es un opiáceo ; el LSD una sustancia sintetizada a partir de determinados hongos que atacan el centeno; la cocaína proviene del arbusto de la coca y la marihuana son las flores secas de una planta que crece silvestre y que ha sido usada por la humanidad desde tiempo inmemorial, el cáñamo. Por sus efectos: el LSD y la marihuana son alucinógenos (aunque con potencias totalmente dispares en intensidad y matices entre ambos), la cocaína un estimulante y la heroína un narcótico. Ni el LSD, ni la marihuana ni la cocaína presentan síndrome físico alguno una vez se abandona su uso continuado, en tanto que la heroína presenta, una vez alcanzada la dependencia física, un fuerte cuadro abstinencial. En definitiva, que no se parecen entre sí más que por el hecho de estar prohibidas y de ser sustancias psicoactivas. Es decir, no es que estén prohibidas porque sean iguales sino que son iguales ante nuestros ojos porque están prohibidas.

Pero hay más. Todas las drogas conocidas modifican sus efectos en función de la dosis. De la misma manera que no estamos igual tras tomarnos una cerveza o una docena, hemos de pensar que la cantidad que se usa es determinante para establecer los usos propios y la peligrosidad de cualquier sustancia. Una copa de coñac en una cena puede ‘entonarnos’, cinco pueden hacernos bailar un can-can ante respetables comensales y quince probablemente acaben con nosotros por intoxicación etílica. Todas las drogas modifican radicalmente sus efectos en función de la dosis: una dosis bajísima de LSD nos producirá euforia y elevará nuestra lucidez, en tanto que una dosis mas alta alterará notablemente nuestras percepciones.

También marca diferencias el modo de empleo. Así, la ingestión de marihuana tiene unos efectos de mayor duración y con matices diferentes que la inhalación del humo procedente de su combustión. Por otra parte, las diferentes drogas se presentan en distintas modalidades con variaciones en cuanto a sus efectos y forma de uso. La sustancia activa del cannabis, el THC, puede presentarse como marihuana (flores y hojas secas de la planta), hachís (resina compactada), aceite de hachís, etc. A su vez, existen centenares de tipos de hachís o de marihuana, y los entendidos saben valorarlos y distinguirlos igual que un buen aficionado sabe distinguir, ya no entre el vodka y el coñac, sino entre un Burdeos y un Oporto. Otro ejemplo lo tenemos en el 'crack', que no es otra cosa que cocaína hervida con bicarbonato y dejada secar, el cual al ser fumado tiene unos efectos más intensos y menos duraderos que la cocaína esnifada.

Aun más importante es destacar la diferencia de efectos entre las diferentes drogas, porque son éstos los que sirven para establecer el uso cultural de cada sustancia, definiendo el momento y el tipo de persona que hará uso de ella. Uno de los resultados más dañinos de creer en la igualdad de las drogas está en no poder entender entonces por qué se usan. La búsqueda de relajación o de brío, de concentración u olvido, de introspección o acercamiento a los demás, es lo que debería llevar al usuario a una u otra droga. La expresión ‘fulano está drogado’ es, en este sentido, poco más informativa que la frase ‘fulano está’. ¿Se ha tomado dos tazas de café para vencer un cierto amodorramiento debido a una noche corta en sueño y está ahora más despierto y, tal vez, algo más agitado de lo habitual? ¿Está sentado en un sofá, con los ojos cerrados, disfrutando de la música tras haber fumado marihuana? ¿Va dando tumbos por la calle y pegando gritos agarrado a una farola tras trasegar algunas botellas de vino? ¿Se está quedando dormido tras tomar un hipnótico que su médico le ha recetado? ¿O, como describía Freud respecto al uso de cocaína, está notando un “aumento del autocontrol, unido a optimismo, euforia y una mayor disposición al trabajo” ? No son diferencias de matiz, sino esenciales, pero una vez más la falsificación del lenguaje ha servido para cargar la expresión de connotaciones interesadas y todas ellas negativas: alejamiento de la realidad, embotamiento de los sentidos, comportamiento violento, etc. En realidad ‘estar drogado’ hoy significa estar enfermo, ser un peligro, ir como loco, escandalizar, estar en el Mal.

¿De qué drogas hablamos hoy cuando nos referimos a la Droga? Por número de usuarios, la campeona indiscutible de las sustancias ilegales es la marihuana y, en general, los derivados del cannabis (hachís, aceite de hachís, etc.). Le siguen a considerable distancia la cocaína, las anfetaminas, el éxtasis o MDMA, los alucinógenos (LSD, hongos, etc.) y los opiáceos, principalmente heroína. Sin embargo, es esta última sustancia, pese a ser una de las menos usadas de entre las drogas ilegales, la que en nuestro imaginario colectivo representa de manera más arquetípica el problema de la Droga. Con ser la que mayores problemas sociales provoca actualmente, veremos más adelante que éstos no son mayoritariamente atribuibles a la propia sustancia. Sin embargo, basándonos en la imagen que de ella tenemos, tratamos el problema de manera unificada, sin apenas distinciones. En cuanto a drogas legales, el alcohol, tabaco, café, somníferos y ansiolíticos son drogas consumidas diariamente, a menudo con patrones adictivos, por millones de personas en todo el mundo, y generando problemas de salud en algunos casos muy superiores, en cifras absolutas y relativas, a los derivados de las drogas ilegales.

¿Qué podemos pensar pues de las políticas que los Estados llevan a cabo sobre este asunto, sabiendo que, con simplificación mendaz, utilizan para sus análisis y para su propaganda un termino, ‘la Droga’, con el único objetivo de que aparezca cristalizado en él, de manera apriorística, todo el mal, toda la perversión y todo el potencial destructivo? Esta reducción interesada nos permite usar el término como chivo expiatorio de todos los males que nos afligen. El problema es ‘la Droga’; nuestros problemas sociales no derivan del paro, las injusticias, la falta de educación y de cultura, la urbanización deficiente de nuestras ciudades sino de ‘la Droga’; si nuestros hijos delinquen y no respetan el orden establecido, conocemos el culpable: ‘la Droga’. No hay que darle vueltas, buscarle matices, establecer diferencias. Incluso molesta a los más ortodoxos prohibicionistas la distinción entre drogas ‘duras’ y ‘blandas’ que, aunque también inexacta, permite al menos abrir una brecha en el monolítico concepto. Así, en octubre de 1994 y ante la propuesta del entonces Delegado del Plan Nacional contra la Droga, López Riaño, de abrir el debate para una posible despenalización del cannabis, un destacado miembro del Partido Popular afirmó: “el debate sobre duras y blandas sólo interesa a los traficantes” . A los traficantes lo que les interesa de verdad, pues les aporta pingües beneficios, es mantener la prohibición, y a quienes formulan tal tipo de memeces, sólo parece interesarles mantener la confusión y la desinformación.

¿Cuál es la alternativa a la propaganda y el engaño? La verdadera información, basada en el conocimiento científico. Éste nos permite, más allá de intereses espurios, clasificar las drogas en función de su origen, de sus efectos, de sus composiciones. Aunque no hay un único esquema de clasificación, sí que existen métodos, de sobra conocidos en farmacología, para informar de manera objetiva sobre una sustancia. El ejemplo lo tenemos ante los ojos siempre que leemos el prospecto de cualquier medicamento. ¿Cómo debemos informar sobre las drogas? Desde un punto de vista farmacológico, por ejemplo, con los siguientes parámetros:

 Dosis activa y dosis letal en función de variables como peso, edad, etc.
 Factor de tolerancia
 Efectos fisiológicos y psicológicos más frecuentes en función de la dosis y tipo de administración.
 Efectos secundarios físicos y psíquicos, con estadísticas de aparición.
 Interacciones con otras sustancias.
 Existencia o no, y descripción, de síndrome de abstinencia con indicaciones del tiempo y cantidades necesarios para que se presente.
 Medidas a tomar en caso de sobredosis o interacciones no deseadas.
 Contraindicaciones específicas.

¿Quiere esto decir que un usuario de drogas necesita conocer todos estos datos? Bien, aunque sería deseable, lo cierto es que, al igual que el usuario de aspirina, píldoras anticonceptivas o Bourbon, no necesita conocer todas las cualidades farmacológicas de lo que toma para hacer de ello un uso aceptablemente racional, tampoco el usuario responsable de drogas requiere de ese conocimiento enciclopédico. Porque el uso aceptado de una droga genera una serie de normas culturales entre sus usuarios que constituyen, como escribe Lamo de Espinosa: “pautas de conducta aprendidas a través del ejemplo y/o la experiencia que generan actitudes (favorables o negativas) que orientan la conducta. Pautas que contienen un doble componente. Ético de una parte; qué se debe o no consumir y en qué ocasiones, frente a qué y cuándo manifestar rechazo o aceptación. Simplemente cognitivo de otra; qué efectos producen, cómo se combaten los negativos o se aprovechan los positivos, cuándo empieza a manifestarse el abuso, cómo tratar a quien lo ha consumido incorrectamente, etc.” Lo evidente es que la educación bajo la premisa de que ‘todas las drogas son iguales’ sólo puede favorecer, por la ignorancia y desinformación que genera, un mal uso de las mismas.

7 Comments:

Blogger Sir. Languedoc said...

Notable tu exposición del tema, lástima que haya pocas perosnas con la inteligencia suficiente para originar un debate con altura de miras y en beneficio de la sociedad..

Los tabues en Chile son archiconocidos, y es cosa de ver como palabras como sexo, droga y religión hacen quen la gente huya despavorida por miedo a generar conflicto; el negocio de las "sustancias prohibidas" es alg o que trasciende nuestro país, las verdaderas mafias internacionales son las que dan la pauta de accion a países como el nuestro, sumado a la patética imagen del traficante respetado por todos y acarreador de simpatías populares como el conocido cabro carrera..
Lamentablemente esto hace que consumir una dosis de marihuana sea tan complicado y caro comparado con otros países, teniendo que arriesgarse a ir a poblaciones o consumir "paraguas", mezcla de sustancias con la cannabis mas dañina y adictiva.

Me alegro de leer una exposición clara y precisa de este tema que esta en boca de todos, pero en conciencia de pocos..

Se me hace que conoces a la tía fany...

1:53 PM  
Blogger emi Man...simplemente uno mas said...

hey chavon tengo que felicitarte loco...no se de que pais sos (se que sos latinoamericano) yo soy argentino y vivo en una poblacion pequeña donde el prejuicio y el chisme fluyen de manera indeseable. Hasta lo que va de tu ensayo la verdad, me complace saber que hay gente poseedora de estas ideas y capaz de transmitirlas de forma precisa y concisa...
Luego continuare comentando sobre tu trabajo...

9:09 PM  
Blogger Laussel said...

Hola
llegué acá mientras vagaba por inet y buscaba algo de información, y me encontré con algo que no esperaba y que mencionó Sir Languedoc...

tú también conoces a la tía fany?

7:58 PM  
Anonymous Anonymous said...

Excelente ensayo, hay que empezar a ver las cosas como son, y no como nos las pretender vender y de la forma en que lo intentan hacer, es necesario entender el uso de estas sustancias en nuestro cuerpo, y entender que no son un mal demoniaco en nuestra sociedad como muchos adultos de la generación pasada no lo intentan hacer ver.

Mi padre sabe que yo consumo alcohol, el tambien lo hace, ya menos por una ulcera, pero sabiendo y aceptando que yo consumo alcohol intenta venderme la idea de que la marihuana es la maldición de este mundo es un mal abeerante en esta sociedad e intenta alejarme de personas que consumen marihuana y de hablar mal sobre ellos, como pueden ver es la hostia del dogmatismo, lo peor de todo es que no acepta el hecho de que no es un mal tan gravisimo como lo ve el, y que muy posiblemenete esta en el mismo nivel que el alcohol en el sentido en que es usado para sentirse de cierta manera, y que contradictorio es que acepte el alcohol y no la marihuana.

NO MAS DOGMATISMO EN LA SOCIEDAD!!!

4:09 PM  
Blogger Chairolious said...

"lo peor de todo es que no acepta el hecho de que no es un mal tan gravisimo como lo ve el, y que muy posiblemenete esta en el mismo nivel que el alcohol en el sentido en que es usado para sentirse de cierta manera, y que contradictorio es que acepte el alcohol y no la marihuana."

de hecho... el licor es en ese sentido exactamente igual que la marihuana: una droga.. solo que es muchisimo más nocivo para salud.

por otro lado, el consumo de licor no deja nada productivo, en cambio el uso marihuana para crecer ayuda para bien. :)

7:26 PM  
Anonymous Mily Chavez Peche said...

Realmente es un ensayo interesantísimo el que propones. A sido más bien adictivo, el hecho de engancharnos con todos los articulos que suscribes y ademaás incolucra a quienes lo leen en el afan de investigación y aprendizaje acerca del tema, que lejos de ser mitificado y emitido en las escuelas y sociedades como un conocimiento al que NO se debe refutar ni cuestionar, tendria que presentarse como un tema discutible , debatible,que genere juicio social, soluciones compremetidas contra el crimen organizado como el Narcotráfico y ante el que debemos manifestarnos con responsabilidad, y lo más importante y lo que a muuuuuchos falta. Sentido Común.
Ya lo dijo el notable Greele; "El sentido comun, es el menos comun de los sentidos".

10:47 AM  
Anonymous Anonymous said...

Existe inmensos intereses que se remontan hasta varia familias reales, banqueros y gente influyente desde hace siglos para que "La Droga" siga siendo ilegal. Mientras mas ilegal más beneficios.

Buscad la historia del HSBC (Hong Konk Changay Banking Coporation) y su origen en las guerras del opio contra China.

Buscas la historia del Cáñamo, la fibra vegetal con más aplicaciones industriales que ha existido y su prohibición en los años 1920's por intereses de la industria de pulpa de papel de madera. La pulpa de cáñamo, tradicionalmente utilizada, era muchísimo mejor.

Puras historias detrás de esto de las drogas. Cuando se acabó la prohibición del alcohol en los USA, se descubrió que los principales congresantes que apoyaban la prohibición recibían dinero de las mafias del alcohol. Los Kennedy hicieron fortuna así.

5:17 AM  

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